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Sin el placer que la gastronomía de Ibiza puede proporcionar al sentido del gusto, no puede concebirse la práctica de un turismo hedonista. Muchos de los restaurantes poseen un valor añadido que los hace mucho más atractivos que los de cualquier otro entorno turístico: su ubicación. Existen muy pocos lugares en el mundo que estén repletos de restaurantes deliciosos, en los que se puede comer con los pies descalzos sobre la arena, a la sombra de una muralla renacentista o en una romántica y escondida granja en mitad del campo.
Los ibicencos, además, sienten una auténtica devoción por los productos frescos y naturales. Antaño era imposible ver una casa de campo que no se autoabas...
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